Restaurante El Lhardy en Madrid - Carrera San Jerónimo, 8

patricia-fernandez Por Patricia Fernandez

26 de septiembre de 2014

El mítico Lhardy

El mítico Lhardy

Tres siglos de cocidos madrileños

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Tan solo le supera en historia el restaurante Botín, que fue fundado en 1725 y que actualmente ostenta el record de ser el restaurante más antiguo del mundo. El Lhardy abrió sus puertas casi un siglo después, cuando Emilio Huguenin, hijo de suizos, quiso traer a la capital los aires bohemios del París del siglo XIX. Por aquel entonces Madrid era la Corte de la Reina Gobernadora y acababa de estrecharse el abrazo de Vergara entre Espartero y Maroto.

La Carrera de San Jerónimo era una calle de moda, al estilo de la rue de la Paix y el romanticismo deambulaba por la vida de las calles al igual que por las páginas de una novela de  Larra. En ese entorno nació Lhardy. El decorador Rafael Guerrero, estudiante de decoración en París, plasmó la elegancia de la alta burguesía de la época en cada uno de sus rincones, como la fachada, construida en madera de caoba de Cuba, o el interior de la de la tienda, con sus dos mostradores enfrentados y el espejo al fondo donde se han reflejado toda clase de celebridades, y la imponente consola que permanece intacta a pesar del tiempo y en la que hoy se sirven pasteles y fiambres. Los salones fueron concebidos como salón Isabelino, salón Blanco y salón Japonés, con revestimientos de papel pintado de la época y una chimenea que se cita en las obras de Galdós.

Aquí se tejió parte de la historia secreta de España, aquella que derrocó reyes y políticos, repúblicas, dictaduras y regencias, pero también se forjaron grandes amores y tuvieron lugar tertulias al atardecer tras la guerra civil.

Sin embargo, con tres siglos a sus espaldas, el Lhardy se ha ganado su fama por sus famosas cenas, elogiadas por grandes críticos: los filetes de lenguado a la Orly, los jamoncitos de pato, pavipollo a los berros y otras delicias que supusieron una auténtica novedad en la corte de aquellos años.

Tampoco se ha perdido su atmósfera aristocrática e intelectual, y sigue siendo refugio gastronómico de altos mandatarios, políticos diversos, toreros, actrices y turistas que vienen en busca de conocer el que fue el primer restaurante moderno de la capital y de la excelencia de uno de sus platos inconfundibles: el cocido madrileño servido en bandeja de plata.

Actualmente es el chef Ricardo Quintana quien se hace cargo de servir uno de los más solemnes platos castizos, junto con los sublimes callos, la quinta esencia culinaria  de Madrid, aunque actualizado al gusto del nuevo siglo donde encontramos el mejor foie-gras de la Alsacia, disciplinas de caza como el gamo a la austriaca o el faisán a las uvas, o la espléndida lubina con langostinos y lenguados al champagne.

Merece la pena pasar, aunque sea por ver dónde almorzó la célebre espía Mata-Hari antes de ser detenida en 1916 en el Hotel Palace.

 

Dónde: Carrera San Jerónimo, 8 

Tel. 91 522 22 07

Precio medio: Entre 50 y 70 €

Web. http://www.lhardy.com/

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