Madrid

joseluismunoz Por Luis Muñoz Diez

19 de enero de 2010

Ir al cine, merece la pena

Ir al cine, merece la pena

Los cines de Madrid

Ver todas las noticias de Madrid

Me piden que elija una sala de cine y yo pregunto: ¿Dónde? ¿En Madrid? Hay varias y para elegir, tengo que pensarlo. ¿Cómo que tienes que pensarlo? si vas al cine constantemente…

Sí, tengo que pensarlo, porque la respuesta no es fácil.

Dando por sentado ciertas características en una sala -que tenga una buena proyección, un buen sonido y unas butacas que no sean un suplicio-, la elección depende de varios factores: si voy a primera hora y solo, prefiero una sala tranquila; en cambio, si la salida es de tarde -o  de noche- y acompañado, tolero mejor el jaleo.

Confieso que disfruto más de las películas si hay público, a no ser alguna muy determinada. Creo que el cine está hecho para verlo y compartirlo: suscita la risa, el llanto, el escalofrió o el regocijo, y esa emoción compartida es precisamente el artífice de que llegue verdaderamente la historia al espectador, es la magia que lo convierte en algo vivo. Por esta razón sigo acudiendo a las salas.

Como creo que el cine es un espectáculo para compartir, me gusta que haya un bar cerca para disfrutar de una caña o un café antes de la sesión, y a la salida es estupendo contar con un local que tenga buenas tapas y si se tercia una copa.

Todos esos requisitos los cumplen unas salas que están situadas entre la glorieta de Quevedo y la obra faraónica del teatro Canal. Es una calle con aceras anchas, agradable y arbolada, que en cuanto el tiempo lo permite se animan sus terrazas que se llenan de vida, a la que da nombre un filósofo y jurista, que fue ministro de la reina-niña Isabel II: Bravo Murillo. En el número veintiocho están ubicados los cines Verdi, que vinieron a ocupar el cascarón de un cine clásico de Madrid: el cine Cartago.

Estos cines cuentan con cinco salas, dedicadas a la versión original. La programación es muy completa y cuidada hasta el mimo, acogiendo, al margen de las películas del momento, cine de diversas nacionalidades o independiente, tan difícil de ver en el circuito comercial, dando cabida, incluso, al maltratado cortometraje.

La proyección y el sonido son excelentes. El público que suele acudir a estas salas también es singular por lo atento y respetuoso durante la proyección. Se establece un buen ambiente en el hall, que acoge una cafetería en la que te puedes sentar y que pone a tu disposición la prensa del día y unas bien elaboradas hojas con la información técnica y artística de las películas que se exhiben, creando un ambiente cercano a la filmoteca.

Al salir, hay que comentar la película con los amigos. A mí me gusta hacerlo en la taberna de Doña Mencía, tiene muy buenas tapas y un riquísimo embutido. Tampoco está mal la cadena Lizarrán, muy conocida por sus cañas y sus pinchos. Pero si disfrutas de buena compañía y tiempo te recomiendo que cenes en Casa Hilda y pruebes sus croquetas o las berenjenas rebozadas, son deliciosas.

Si tienes costumbre, ya lo sabes, y si no, pasa por estas salas, elige una buena película y tomate algo a la salida, verás cómo cuando vuelvas a casa te darás cuenta de que salir e ir al cine merece siempre la pena.

Publicidad

Publicidad