Madrid

patricia-fernandez Por Patricia Fernandez

30 de noviembre de 2010

The Macallan, el mejor malta del mundo

The Macallan, el mejor malta del mundo

El whisky más caro del mundo

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Resultaría agotador enumerar todos los premios que el whisky The Macallan ha conseguido a lo largo de su intensa historia, desde que obtuvo la licencia legal en 1824. Pero lo que podemos asegurar rotundamente es que nos encontramos ante la mejor malta del mundo. La obsesión de los “Master Distiller” por un producto perfecto, se encarga de que el whisky que ofrece esta destilería sea el mejor que se puede fabricar.

 

Seis son los pilares que convierten a The Macallan en la mejor malta:

1.- Dicen que para ser un auténtico escocés, el whisky debe haber madurado en Escocia, especialmente en la región de Speyside.

2.- Los alambiques que utilizan son curiosamente pequeños, lo que aporta una destilación más uniforme y rica.

3.- La cantidad de destilado que se pone a envejecer en la barrica debe ser pequeña. The Macallan sólo pasa a madurar el 16 % del total que fabrica.

4.- Utilizan las mejores barricas de roble.

5.- Cada barrica aporta un color y aroma diferente, totalmente natural.

6.- El descanso en barricas debe ser de un mínimo de tres años, The Macallan mantiene el whisky en sus barricas hasta doce años.

 

Esto se traduce en un whisky de malta que está considerado como el mejor de todos. Pero para poder apreciar todas las notas que lo diferencian de otras maltas, debemos dedicar, al menos, dos minutos a su degustación con tres pasos muy sencillos: Observar el color que nos mostrará el proceso de maduración, cuanto más color, más envejecido estará; oler el aroma con toques afrutados, florales y con matices a miel y vainillas que aporta la región en la que se elabora; y por supuesto, su sabor y textura que debe ser largo y ligero.

 

Por cierto, sólo para bolsillos adinerados…ya que dentro de su serie para coleccionista, el The Macallan 1824, ¡llega a rondar los 36.000 €!.

 

Un auténtico placer que debe degustarse sin prisas y, por supuesto… sin refresco alguno.

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