Madrid

patricia-fernandez Por Patricia Fernandez

29 de octubre de 2012

“No pasa nada”

“No pasa nada”

Bienvenidos al barrio de Chueca

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Bajo la bandera irisada que hondea sobre muchas de las puertas de los establecimientos de la zona, el barrio de Chueca no solo es un ejemplo de diversidad y tolerancia, sino también de apertura de mente y símbolo de modernidad. Aquí cabe todo el mundo. 

Tras la gran artería de Madrid, la Gran Vía, con las calles de Hortaleza y Fuencarral, se encuentra este barrio que ha heredado nombre de compositor de zarzuela, Federico Chueca, y que sufrió el vapuleo del tráfico de drogas y la prostitución durante los años 70. Su degradación fue tan extrema que muchos de los locales que aquí se ubicaban tuvieron que cerrar sus puertas. Fue la comunidad gay quien poco a poco, durante los años 90 y la movida madrileña, adquirió los infravalorados locales de la zona para abrir nuevos espacios sin prejuicios ni complejos donde se exhibía una visible integración y tolerancia hacia el ser humano cualquiera que fuese su condición sexual.

El gay friendly, como lo llaman ahora, es la filosofía de la zona que se ejerce en este barrio de libertades, donde lo mismo te cruzas con una drag queen despampanante a las tres de la tarde que con un grupo de modernillos tatuados sin que nadie levante la cabeza para mirarlos. Su aire cosmopolita, diverso y alegre recuerda a otros barrios europeos donde las libertades se instalaron mucho antes que en nuestro país. Sin embargo, hoy día este barrio de ha convertido en uno de los más populares de la ciudad, incluso traspasando fronteras, y no hay turista que pise Madrid que no quiera visitarlo.

Plaza de Chueca

 

Como símbolo de vanguardismo muchas han sido las galerías de arte que han abierto su espacio en estas calles. Una de ellas la Galería Moriarty, en la calle Tamayo y Baus nº6,  dedicada al arte contemporáneo y en cuyo frente se encuentra Begoña Malone, una de las primeras en inaugurar local cuando estalló la famosa movida madrileña. Como ella, otras galerías no tardaron en instalarse, es el caso de Mad is Mad, en la calle Pelayo 48, especializada en proyectos innovadores con un espacio dedicado a artistas más independientes y “abierto a las locuras y la experimentación”, que además venden objetos de autor. Obligada es la visita a la galería Oliva Arauna y Juana de Aizpuru, en la calle Barquillo 29, quienes abrieron este punto de arte en los años 80 para dar cabida a los grandes maestros de la fotografía como Alberto García Alix o Cristina García Rodero. Tampoco faltan algunas librerías sobresalientes y dedicadas al sector mayoritario del barrio, el LGTB, como Berkana, en la calle Hortaleza 62, el primer negocio que optó por especializarse en este colectivo hasta entonces escondido.

Galería Mad is Mad

 

La arquitectura del barrio no se ha visto alterada desde su construcción. Chueca puede presumir de ser arquitectónicamente hablando, uno de los barrios más castizos de Madrid. Entre sus casas con balconadas y portales de rejas, encontramos uno de los edificios más singulares de la capital, se trata del antiguo Palacio del Marqués de Matallana, levantado en la calle San Mateo 13, en 1776, y que tras una profunda renovación hace cuatro años aloja el Museo Nacional del Romanticismo. En su interior se conserva una importante colección de objetos históricos y artísticos, centrada en la vida cotidiana y las costumbres del siglo XIX, especialmente de la época del romanticismo. En su interior se encuentra uno de los secretos mejor guardados del barrio, se trata del Café del Jardín. Un rincón tranquilo rodeado de vegetación donde se sirven meriendas románticas acompañadas de tartas de zanahorias y budín de calabaza apto para ovolactovegetarianos. 


Café del Jardín

Estas callejuelas acogen un sinfín de remansos del gourmet especialmente para los que disfruten con la cocina fusión atrevida, con el picoteo ligero y las cañas. Cada local espera ser descubierto por alguna singularidad, sino por su estética rompedora, por su aire cañí o por su cocina arriesgada o cosmopolita. Lo cierto es que Chueca se ha convertido en un sitio de tapeo imprescindible especialmente los sábados por la mañana. De ambiente gay el restaurante El Armario, en San Bartolomé 7, supuso toda una innovación en el barrio por su cocina. El paso de los años le ha consolidado aunque actualmente su competencia es bastante fuerte. Otra opción es el Diurno, en San Marcos 37, sitio imprescindible de merendolas y ágapes take away con video-dvd incluido. Decoración al estilo Hollywood y un video club con más de 6.000 títulos, que podremos seleccionar a través de pantallas táctiles, donde se sirven bocadillos de pan recién hecho, sándwiches americanos y algunas fruslerías como hummus, smothies, muffins  o sushis varios.

 

El ArmarioDionisos

 

Tampoco faltan los sabores mediterráneos de Grecia que se cocinan en el Dionisos, en San Gregorio 11, una auténtica taberna griega sin folklorismos a la vista ni pretensiones gourmet pero de gran acierto culinario, o en el restaurante Piu di Prima, en la calle de Hortaleza 100, de aspecto elegante y cuidado, donde se sirven excelentes pastas frescas y alguna rareza del país como carpaccio de patatas con setas o ravioli rellenos de burrata.

Dionisos

 

Destaca por su excelente y cuidada carta el El Original, en la calle de las Infantas 44, con su cocina de temporada en la que se hace mención a todas las denominaciones de origen y la preparación de cada uno de sus componentes, y , en la calle de Pérez Galdós 4La Tita Rivera,  de amplios ventanales, la cocina vista, un precioso patio interior repleto de plantas perfecto para fumadores y muebles de reciclaje, como mesas hechas con cajas de embalaje, junto a una estética de mercado al estilo nórdico, es un lugar muy agradable para tomarse una caña y picar algo.

El Original

 

Por supuesto, la visita gastronómica al barrio de Chueca estaría incompleta sin pasar por el Mercado de San Antón, en la calle de Augusto Figueroa, 24. Un antiguo mercado rehabilitado en un moderno espacio para la compra de productos de temporada o para ejercer de domingueros en busca de la caña perfecta en sus numerosos puestos de comida take away o para consumir in situ.

Mercado de San Antón

 

Otro mercado aledaño, aunque de otras aspiraciones, es el Mercado de Fuencarral, en el número 45 de la calle del mismo nombre. Al más puro Camden Markets londinense, este seudomercado está dedicado a la ropa alternativa con firma independiente. Aquí descubrimos pequeños diseñadores y espacios vanguardistas varios como una peluquería de estética manga o el Sofá Club, donde se sirven cafés increíbles en un ambiente tranquilo, abanderando este rincón del diseño y del modernismo.

Mercado de Fuencarral

 

En esta mezcolanza de culturas y gustos, la innovación y la sorpresa están a la orden del día. Por eso aquí tiene cabida cualquier establecimiento que pueda resultar “raro” a los ojos del foráneo del barrio. No faltan restaurante ubicados en tiendas de decoración, un ejemplo de ello es el Asiana Nextdoor, en la Travesía de San Mateo 4, donde se funden Asia y Occidente con toques peruanos y japoneses en las manos del chef Jaime Renedo y de donde salen platos tan extravagantes como el kimuchi de zamburiñas, el ceviche de corvina o la esponja de té verde con mandarina, chocolate blanco y sésamo negro; o una piscina ubicada en la azotea del Hotel Room Mate Oscar, en la Plaza Vázquez de Mella, donde se exhiben cocteles de escándalo en manos de extranjeras y gafapastas, y desde donde se observan uno de los mejores atardeceres del centro de la Capital.

 

Asiana NextdoorHotel Room Mate Oscar

 

 

Recuerda: Por aquí pasa de todo, pero no pasa nada.

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